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Hay dos maneras, a veces antagónicas, de reconstruir la historia. La primera es con datos duros y científicos avalados por registros físicos de los hechos. La segunda es a través de la historia oral que ante la ausencia de registros echa mano de la memoria personal y colectiva, de la creatividad, de la imaginación y de un deseo irrestricto por reinventarse a sí mismo.

Magín, en el retrato de su vida, articula estas dos formas de ver la historia y logra sintetizar una visión superadora de ambas. Como personaje, hoy por hoy, nos sorprende con una maestría en el acto de autohistorizarse. Así pues, siendo fiel al carácter del maestro la biografía que se brinda integra estas dos maneras de autoretratarse. La historia de vida de Magín es entonces una espiral de datos físicos y orales que se complementan, se verifican y se contradicen al tiempo. Luis Magín Díaz García nació el 30 de diciembre de 1922 en Gamero-Bolívar, es hijo de Felipa García y de Domingo Díaz, trabajadores del campo que fueron, ella cantadora de bullerengue y él bailarín de danza de negro. No obstante, Magín recuerda que su registro de nacimiento se expidió cuando quiso salir por primera vez del país. Eso implica que ya era mayor de edad y que su fecha de nacimiento no es exacta, por eso en su cédula dice 30 de diciembre, pues los que no sabían con exactitud qué día nacían se registraban entre el 24 y 31 de diciembre por ser también el nacimiento de Jesús. De hecho, sus primos y sobrinos recuerdan que Magín era mayor que su prima Irene, quien nació en 1916, y que un señor en Gamero que en este momento tiene, según su cédula, 97 años. Eso aumentaría la edad de Magín a 100 o más años.

Magín y Gualajo Shock

 

Vale la pena anotar que entre la fecha de nacimiento de Magín y la abolición de la esclavitud hay apenas 71 años de distancia, eso quiere decir que quizá sus abuelos todavía cargaban con el lastre de la esclavitud.

Magín empezó a cantar cuando era niño al lado de su madre pues juntos iban a trabajar al ingenio azucarero y se reunían en las ruedas de bullerengue de su pueblo. Ahí aprendió, además de trabajar, a cantar, tocar el llamador, el tambor alegre y la tambora. Después de abandonar el colegio y mientras trabajaba en el ingenio, recuerda que se enamoró, como a los 13 años, de Rosa la hija del administrador del ingenio azucarero donde trabajaba. 1No obstante, cuando él se le declaró, Rosa le dijo que su amorío era imposible porque ella no se metía con un «negro maluco», respuesta que nos recuerda a la desafortunada expresión de la colonia «saltoatrás» que se usaba para las personas que en lugar de adelantarse a ser blanco se acercaban a la raza de negros. De todas formas la respuesta de Magín llena de perdón y suspicacia fue, según él, componerle la canción Rosa, canción que hizo famosa Carlos Vives, Joe Arroyo, Totó la Momposina e Irene Martínez. Años más tarde, cuando el ingenio cerró sus puertas Magín se va para el Urabá a trabajar en las bananeras y luego termina, como se puede confirmar en sus pasaportes, entrando a Venezuela de manera ilegal para trabajar como obrero.  Allí conoció a Cheo García, el director de la Billos Caracas Boys, e hizo parte de la banda por un tiempo, puesto que cuando su madre Felipa se murió, más o menos en la década del 70, él decidió volver por un tiempo a Colombia. Este periodo, que ocupa 40 años de su vida, está marcado por varias entradas y salidas. En una de sus estancias en Colombia formó junto con su prima Irene y Wady Bedrán en 1979, a sus 57 años, la agrupación musical Los Soneros de Gamero, agrupación en la que fue voz principal, corista y maraquero pero renunció a ella, cediéndole el protagonismo a Irene, y volvió a Venezuela. Para ese entonces se creó la Dirección Nacional de Derechos de Autor y como Magín no sabía leer ni escribir, su prima Irene firmó por él bajo su nombre todos los derechos morales de sus composiciones y luego vendió los derechos patrimoniales. Cuando Irene murió Magín comprendió la importancia de estos derechos pero ya era demasiado tarde para reclamar puesto que solicitaba de un andamiaje político y económico que él no tenía y ya por el paso del tiempo el reclamo posible había proscrito.

Su último registro de entrada al país de manera legal data en 1986, es decir que a sus 64 años Magín volvió a Gamero para quedarse.

En este tiempo se dedicó a la ganadería y a las labores del campo, siguió haciendo música y participando en la agrupación Los Soneros de Gamero como corista. En 1987 se presentó como solista en el primer Festival del Mango de Malagana y cuando murió Irene en 1993 buscó a Wady y bajo su dirección y la de Álvaro Atencio formaron la banda: Los viejos del folclor. Con esta banda en un periodo que va hasta el 2008 Magín grabó algunas canciones en estudio, lamentablemente este material está perdido. En el 2010, a sus 88 años, bajo la dirección de Guillermo Valencia formó la banda Magín Díaz y el Septeto Gamerano, con ellos también de manera aislada grabaron algunas canciones. Lo que alcanzó con esta banda fue llamar la atención del director audiovisual Vincent Moon, quien lo incluyó en el documental Esperando el Tsunami y grabar un disco que se publicó hasta el 2015 bajo el nombre de Magín Díaz y el Septeto Gamerano. En el año 2012, a sus 90 años, viajó a Cali para cumplir con unas presentaciones al lado del maestro del pito de millo de Evitar, Santiago Ospino, y grabaron un disco en conjunto que publicó la revista Páginas de Cultura de Cali llamado Magín y Santiago. En ese viaje conoció y experimentó la fusión musical con el maestro del pacífico Gualajo, y emprendió un nuevo proyecto bajo la dirección de Federico Galvis llamado Las dos puntas del pañuelo en el cual grabaron el sencillo: El piano de dolores. En el 2013 se presentaron en Gaira Cumbia House con este proyecto y ocurrió lo impensable, se desmoronó.

En el 2014 emprendió, bajo la dirección de Daniel Bustos, el proyecto Magín Díaz, el Orisha de la Rosa que consistió en la grabación de su primer álbum como solista y la fabricación de un documental. Para realizarlo el colectivo Noname convocó a Manuel García-Orozco y Christian Castagno, quienes aportaron su versátil trayectoria a la producción musical, y a RP Media y El Hambre Cine en la producción cinemática.

Créditos de ilustración: Álvaro Tapia Hidalgo.

Créditos de ilustración: Álvaro Tapia Hidalgo.

Así pues en el 2015, a sus 93 años, Magín viajó a Bogotá, se le rindió un homenaje en el Teatro Colón y grabó en estudio con invitados como Totó la Momposina, Petrona Martínez, Carlos Vives, Gualajo, Monsieur Periné, Grupo Cimarrón, Alé Kumá, Dizzy Mandjeku, entre otros. En diciembre de 2015, en el marco del proyecto Magín Díaz, el Orisha de la Rosa, se consiguió que Sayco le aumentara en un 100% el valor de la pensión, pasando de $320.000 a $750.000 mensuales. En febrero de 2016 Magín fue el gran homenajeado en la Noche de Río en el Festival de Barranquilla y en mayo del mismo año se publicó su primer disco como solista.

Todo este trabajo, distinciones y méritos son una construcción en conjunto de Magín con sus allegados.

Magín desde la década de los 80 comienza a contar sus historias, a mostrar su maestría en festivales y a encantar al público de su región ya no como un compositor legendario y marginalizado, sino también como un gran intérprete y virtuoso cantador. Es entonces como Magín empieza a cosechar homenajes en festivales de Mompox, Mahates, Marialabaja, Necoclí, Malagana, San Basilio de Palenque, Barranquilla, Cartagena, Cali; menciones de honor de instituciones como Sayco, el Ministerio de Cultura, la Gobernación de Bolívar, la Alcaldía de Mahates; y se convierte en la gran leyenda de la música colombiana encarnando el mito de ser el cantante activo más veterano de Colombia y quizá del continente americano que vive no solo de lo que recuerda que compuso, sino de la maestría y belleza de su canto.